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Bodegas eldoze. El vino de la piel de la Tierra

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En la mañana invernal, la niebla se abre como un telón sutil para mostrar en todo su esplendor una joya secreta: nueve hectáreas de viña, una flamante bodega engarzada entre olivar, encinas, tierra de labor, arroyos y láminas de agua en un rincón escondido de los Montes de Toledo.

P oco a poco, el paisaje que se fingía llano va revelando una rara inclinación, una vertiente con nombre propio: la raña, que es la que determina el subsuelo, en definitiva, el sustento de esta viña.

La raña es una formación geológica original de algunas zonas de la Península, como esta, en torno al Parque de Cabañeros. Es una altiplanicie escorada, la superficie sobre sedimentos inclinados que se gestaron en eras secas y frías con momentos de lluvias torrenciales que movían el terreno. La raña se define como la visión de la piel de la Tierra, la cubierta de hace dos millones de años.

En ese paraje irrepetible de la cuenca del Guadiana está enclavada la finca El Rosalejo. Son 500 hectáreas de monte bravo, de quejigos, jara, alcornoques, madroños y pinos repoblados en la posguerra. Una flora que la fauna habitante –los jabalíes, los corzos…– se encarga de podar a dentelladas. Ahora, convertida en caprichoso refugio familiar, la finca va tomando ese aire humano del detalle, de la estética cuidadosa, de la agricultura con vocación ecológica, de la producción por placer, por juego, en pos de un sueño. Así conviven, entre laderas silvestres y regatos y humedales, 24 hectáreas de olivos y 9 de viña, una balsa que recoge el agua de lluvia, la arquitectura de una bodega espléndida y de la propia casa, envueltas discretamente en la imagen de lascas pizarrosas que se funden con los tonos del suelo.

De la viña y la bodega se encarga desde que se gestó el proyecto, en 2007, Joseba Altuna, un enólogo con amplia experiencia, desde su Navarra natal a su formación francesa y hasta los confines de América, pero que aquí se enfrenta al reto de tierra virgen sin tradición ni herencia vitivinícola. Eso sí, tierra elegida tras concienzudos análisis a los que el tiempo –10 años desde la primera plantación– ha dado la razón.

La uva Syrah ya había demostrado su aptitud para medrar en el entorno, en los Montes de Toledo, y aquí, seleccionada con rigor, cuidada con mimo de jardinero más que de agricultor, es un éxito vendimia tras vendimia. De hecho, ya la de 2012 recibió medallas de Oro y Plata en sendos concursos internacionales, los más importantes de Europa.

El secreto está en la altitud –a 650 metros– y el suelo disgregado de cuarcitas y pizarras, rico en minerales como el hierro, y poco fértil. Un suelo ácido y no calizo, que aporta a la uva y al vino esa acidez que se traduce en larga vida y frescor y color rubí muy intenso. La vendimia se hace a mano, muy tempranito, y cuando la uva llega a la bodega se guarda en cámara fría hasta la tarde. Son diariamente unos 4.000 kilos que pasan seleccionados a los depósitos de fermentación de 5.000 litros, de modo que se procesa íntegra la vendimia del día en una bodega dotada de todo lo necesario, pensada para trabajar cuidadosamente y rodeada de belleza, techos de madera de Finlandia, portones de hierro oxidado, una armoniosa combinación de cristales y líneas rectas y curvas, barricas de las mejores tonelerías francesas colocadas a solo una altura para facilitar el control permanente, y mucho ingenio personal, como esas barricas perforadas con tapa horizontal para facilitar el batonage, el removido, de los vinos que fermentan en barrica. Una nueva experiencia que está dando excelente resultado, como nueva es también la incorporación de algo de Garnacha en la viña para experimentar más allá de los monovarietales.

Aquí en nada se escatima pero todo se aprovecha. Sobre todo, el tiempo sin tiempo. Desde la primera vendimia vinificable, los vinos se guardan entre 15 meses y dos años en barricas nuevas, de uno y dos años, y luego duermen en la preciosa sala botellero al menos nueve meses. Fuera es el aleteo de las rapaces, el correteo de los conejos y las liebres, el retozo de los jabalíes que han obligado a vallar los sembrados. Por cierto, que una cría, una rayoncilla perdida, se ha criado junto a los perros y saluda a las visitas como uno de ellos. Dentro, sin embargo, es la misma paz pero el perfecto silencio, la oscuridad, la quietud para una crianza sin prisa.

Se podría decir que algo falta en este paraíso, pero es que he dejado para el final lo más entrañable: la sala de juego con un tren eléctrico que nos transporta... a lo mejor de la infancia. Y sobre todo, un espacio propio, luminoso, un mirador privilegiado hacia la naturaleza que reúne lo mejor de los placeres primarios: cocina y comedor perfectamente dotados. Una invitación al enoturismo.

 

Bodegas eldoze

www.eldoze.com

Finca "Valle del Rosalejo"
CM-4106 Sevilleja - Anchuras Km 14,5 13117 Anchuras (Ciudad Real)

Tel. 917 379 091 / 608 984 150 / 628 873 531

info@eldoze.com

 

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