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Los Vinos del Etna. Algunos viven peligrosamente

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Santorini, Sicilia y Lanzarote conforman un eje mágico. Aunque estas islas volcánicas están situadas al sur del paralelo 36, es decir, en terruños supuestamente calurosos, en ellas maduran vinos que presentan un frescor y una ligereza casi increíbles. Pues sí, los crus de los volcanes suelen resultar más vivaces que muchos vinos de la Borgoña. ¿Cómo es posible que una distancia Norte-Sur de 1.200 kilómetros simplemente deje de tener efecto? Bueno, las variedades quizá tengan algo que ver. La uva blanca Assyrtiko en Santorini o la Carricante blanca y la Nerello Mascalese tinta en Sicilia despliegan toda su categoría en los suelos de lava. También ayuda el microclima, en forma de frescas brisas marinas en Santorini y Lanzarote, o bien su situación en la fresca altura como en el Etna. Pero la clave de este milagro del vino son los suelos volcánicos.

Ceniza, basalto, piedra pómez, toba, dacita – se podría pensar que esta materia oscura casi negra que se presenta bajo forma de piedra porosa, de granulado, de arena o de polvo, absorbería el calor del sol y lo almacenaría. Pero no es así. Aunque la superficie de la tierra se calienta, el calor no se transmite a las capas inferiores. Y tampoco se refleja. Así, las vides hunden sus raíces en tierra siempre fresca. Y las uvas crecen a la sombra, entre las hojas de las cepas en arbusto. Los libros de texto dicen que los mejores vinos proceden de suelos primigenios, surgidos hace millones de años. ¡Tonterías! En Lanzarote, el suelo de la conocida zona vinícola de La Geria se creó en una erupción que tuvo lugar entre 1730 y 1736. Y el Etna escupe lava nueva todos los años, que hasta siglos después no se convierte en tierra perfecta para viñedos. Con su tenaz fuerza eruptiva, hoy el Etna quizá sea el terruño vinícola más fascinante del mundo. Cuando el cráter silba, restalla y echa chispas, el cielo de la pequeña localidad de vinicultores de Randazzo se oscurece y se oyen como truenos de una gran tormenta. En el Etna, el hombre se siente cercano a la Creación, cercano a los orígenes geológicos – y algo de esta tremenda fuerza incontenible la encontramos también en el vino del Etna. Cuando en primavera visitamos para ustedes la localidad vinicultora de Randazzo junto al Etna, el volcán estaba sorprendentemente callado. Pero aun así, nos impresionó. ¡Abróchense los cinturones!


El Etna es el terruño más ardiente del sur de Italia. No por la lava que escupe constantemente el volcán, sino porque inversores y vinicultores autodidactas con mucho carácter producen allí vinos que, en el mejor de los casos, son tan arcaicos, salvajes y sin domesticar como el volcán bajo el que crecen.

Las piedras negras ruedan, crujen y chirrían bajo los pies. El basalto volcánico de Randazzo es tan tosco y rugoso que, tras un corto paseo por el impresionante río de lava fosilizada, mis Timberland nuevos están tan destrozados como tras cinco años de uso diario. En la mano, estas piedras porosas de superficie áspera rascan como limas. Antonio Minissale, el responsable del cultivo en el prestigioso proyecto Terrazze dell’Etna, coge algunas piedras de basalto y dice: “Estas piedras fósiles las dejó aquí el volcán en 1981, exactamente el 18 de marzo de 1981”. Ese día, fuertes erupciones abrieron un nuevo cráter secundario a 2.700 metros de altura, cuyo río de lava, a su paso hacia el valle de Alcantara, destruyó bosques enteros, algunos viejos viñedos y también algunas calles. Llevó a cabo su trabajo de destrucción con precisión quirúrgica.

Vemos cepas de Nerello Mascalese de un verde floreciente, llenas de vida a sus 80 años de edad, y solo cinco centímetros más allá, de repente, no hay vida, solo un espacio de rocalla negra y muerta de varios cientos de metros de diámetro. Y más allá de ese alud de piedra, todo vuelve a crecer y a zumbar, como si nada hubiese ocurrido… Aquel día, el río de lava alcanzó el extremo del valle, a tan solo unos pocos cientos de metros al este del centro urbano de Randazzo, destruyó algunas casas y fue finalmente detenido por el agua del riachuelo llamado Alcantara. Ninguna ciudad está tan cerca del Etna como la metrópoli vinicultora de Randazzo y, a pesar de ello, siempre se ha salvado milagrosamente de las erupciones del volcán. Para los creyentes se trata de la providencia divina, favorecida por la presencia de nada menos que tres grandes iglesias que dominan el casco histórico; ninguna otra localidad de Sicilia dispone de semejante densidad de templos…

 

Piedras con fecha de nacimiento

Normalmente, los periodistas enológicos cantan odas eufóricas al terruño, es decir, los suelos de millones de años de antigüedad. Pero ahora tengo en mis manos una piedra de basalto volcánico, una roca vintage, un millésimé, una piedra con fecha de nacimiento. El volcán dio a luz esta piedra el 18 de marzo de 1981. Ahora, a la edad de 33 años, en algunas partes ya crecen delicados líquenes. Un día aún lejano, aparecerán tímidamente las primeras flores y sufrútices, como el senecio de flores amarillas o las rojas flores del cetranthus y, mucho más tarde aún, volverá a explotar allí la vegetación con genista, valeriana y abedul. Y quién sabe, dentro de algunos cientos de años, cuando los cantos angulosos poco a poco vayan mutando en finísimo polvo oscuro rico en minerales, los vinicultores volverán a plantar vides en este suelo nacido en 1981… Sí, este monte, tan vivo que no se puede determinar su altura exacta, con sus cuatro cráteres principales y más de 400 respiraderos laterales, no es tan solo un terruño, es una imponente “máquina de terruños” que arrebata y devuelve suelos constantemente. Un fenómeno único en el mundo del vino.

 

Sorpresas blancas

El día antes de salir hacia el Etna, encontré en el sótano un Pietramarina Etna Bianco Superiore de Benanti de 2004. Este cru, un varietal de Carricante cultivado cerca de la localidad de Milo, a 950 metros sobre el mar, fascina ahora, a la edad de 10 años, con aromas de hierbas frescas, un asomo de miel del bosque, sal y yodo, pero sobre todo con aromas minerales. En el paladar nada más que puro frescor aún juvenil, transportado por una acidez acerada y transparente. Incluso un Chablis vinificado del modo más riguroso tendría serias dificultades en igualar a este ascético vino del Etna de diez años de edad. Durante la investigación de campo en el Etna, se fue afianzando la impresión de que, cualitativamente, los grandes crus blancos están a la altura de los grandes tintos, en teoría mucho más prestigiosos.

Quien habla del Etna normalmente habla en primer lugar de la mágica variedad tinta Nerello Mascalese, que sin duda produce vinos magníficos. Pero mientras que los vinos más prestigiosos, como el Calderara Sottana de Terre Nere o el Feudo de Girolamo Russo, a veces presentan tanta potencia y plenitud frutal que ya no parece adecuada la tan frecuente comparación con la Borgoña, los grandes blancos siguen resultando enteramente borgoñones. Sí, parece que la antigua variedad Carricante se resiste más a ser domesticada que la tinta Nerello Mascalese. Los mejores ejemplos son los Etna Bianco de Cottanera y Graci, madurados en el fresco terruño de Randazzo. Ambos seducen por su finura y su frescor rectilíneo. Mientras, allí, en el terruño supuestamente más fresco de la zona del Etna, se anuncia la próxima revolución. Toda una serie de bodegas ya está experimentando con vinos espumosos fermentados en botella. Y los resultados son francamente prometedores.

 

De Bella Durmiente a éxito mundial

Para viajar al Etna, hay un libro de lectura obligada: la novela Bajo el volcán, del escritor inglés Malcolm Lowry. Aunque no está situada en el Etna, sino bajo el Popocatepetl mexicano, y el personaje principal, un ex cónsul británico desilusionado, no bebe vino sino considerables cantidades de algo bastante más fuerte, aun así existe un punto en común con el escenario del Etna: el temperamento del volcán, o mejor dicho su fuerza explosiva, que parece atraer a un tipo determinado de persona. En todos los artículos sobre el Etna aparecen historias de esotéricos que en primavera meditan desnudos en sus cumbres nevadas, o de vulcanólogos aficionados que, una y otra vez, se acercan a la zona de la cima, mágicamente atraídos por el humo y el magma hirviendo a borbotones, y un día simplemente desaparecen sin dejar rastro.

Abajo, en Randazzo, no se nota nada de todo esto. Aunque la localidad está a solo diez kilómetros de la cumbre del Etna, a 770 metros sobre el mar, muchos de los vinicultores que viven allí nunca han estado arriba, en la zona de los cráteres. Viven con el volcán y del excelente terruño que les ha regalado, pero mantienen una respetuosa distancia. Allí se practica la vinicultura desde hace milenios. Las bodegas restauradas, como las de Terrazze dell’Etna o las del agriturismo Quota Mille, demuestran que se hacía vino profesionalmente hace ya siglos en alturas de casi mil metros sobre el mar. Se pisaban las uvas con los pies en lo que llamaban palmeti (cubas de vinificación) y el zumo que escurría se extraía, pero el zumo del pisado que quedaba en la zona inferior se fermentaba por separado.

La crisis empezó en el Etna cuando la venta de vino a granel se desplomó en los balnearios cercanos. En consecuencia, la vinicultura en el Etna cayó en el profundo sueño de la Bella Durmiente. El renacimiento se inició hace unos 25 años, cuando personalidades como Giuseppe Benanti, cuya familia ya había producido vinos en Viagrande, revolucionaron la vinicultura con una nueva filosofía de la calidad. Pero entre los años 1990 y 2000 todavía eran muy pocos los expertos que hablaban del cambio en el Etna. El éxito mundial comenzó cuando el ilustre italoamericano Marc de Grazia, bróker del vino, eligió el terruño de Randazzo para establecerse en su Tenuta delle Terre Nere. Este proyecto no llegó a despegar plenamente hasta 2004, cuando pudo vinificar por primera vez en la propia bodega.

 

Filosofía de cru borgoñón

En los últimos diez años, en lo que respecta al vino, en Randazzo y alrededores ha habido más movimiento que en los 200 años anteriores. Terre Nere, Cottanera, Graci, Girolamo Russo, Terrazze dell’Etna... Todas ellas tienen allí su hogar. Al circular con el coche de alquiler por las estrechas pistas entre los viñedos, que están a alturas de entre 600 y 1.000 metros, se ve un paisaje muy parecido al del Priorat hace 25 años. Por todas partes se restauran los muros secos de las terrazas, se revitalizan viejas parcelas y se rehabilitan granjas vacías. El efecto quizá más duradero de este boom es la implantación del concepto de vinos de pago, siguiendo la filosofía borgoñona del cru. Pues sí, para los obsesos del vino, los grand cru del Etna como Guardiola, Porcaria o Calderara Sottana son tan conocidos como Échezeau o Richebourg en la Borgoña. Actualmente son sobre todo dos bodegas las que cuidan especialmente el tipo originario del cru del Etna, lleno de temperamento y personalidad, pero sobre todo fresco. Los Passopisciaro de Andrea Franchetti (que también cultiva la bodega Trinoro en la Toscana) son diamantes en bruto, de una fuerza irradiadora sin parangón. Y Frank Cornelissen, que emigró de Bélgica al Etna hace 13 años, embotella sin intervenciones lo característico del Etna siguiendo los principios del vino natural, sin azufre ni tapujos.

Queda preguntarse qué es lo que realmente confiere a los crus del Etna su carácter inconfundible. Bueno, no solo son los suelos volcánicos de basalto, piedra pómez y ceniza, sino también la maduración tardía de las uvas locales, sobre todo la blanca Carricante y la tinta Nerello Mascalese. Cuando se vendimia, a finales de octubre, arriba en el Etna ya hace francamente fresco, tanto fresco como en el Piamonte o la Borgoña. Y precisamente esa fresca elegancia es la que encontramos, en el mejor de los casos, también en la copa.

 

 

CINCO bodegas – CINCO FILOSOFÍAS

La pequeña localidad de Randazzo, con sus 11.000 habitantes, se ha convertido en el centro del renacimiento del vino en el Etna. Les presentamos aquí cinco proyectos pioneros.

 

Passopisciaro, el maestro de los Crus

Cena en el restaurante Quota Mille, a mil metros de altitud. En la copa centellea en rojo cereza el Sciara Nuova de 2009 de Passopisciaro. En la nariz, fresas silvestres, hierbas aromáticas y tierra, y finalmente en el paladar encontramos un vino que fascina por sus aristas sin pulir. Andrea Franchetti, el hombre que está detrás de este cru, fue propietario de un restaurante en Roma y comerciante de vinos en Nueva York, antes de iniciar en los años 90 –inspirado por Peter Sisseck y Jean-Luc Thunevin– dos proyectos enológicos minuciosamente planeados: Tenuta di Trinoro en el sur de la Toscana y, después, Passopisciaro. La bodega en ruinas que compró hace 14 años en el pueblo de Passopisciaro ahora está tan bien rehabilitada que Vincenzo Lo Mauro, el director, puede trabajar centrándose exclusivamente en la calidad. La fama de esta casa se debe enteramente a la variedad Nerello Mascalese. Cada año se embotellan cinco espléndidas selecciones de parcelas: Chiappemacine (cepas de 80 años, 550 metros de altitud), Porcaria (cepas de 80 años, 650 metros de altitud), Guardiola (cepas de más de 100 años, 800 metros de altitud), Sciara-nuova (cepas de 80 años, 850 metros de altitud) y Rampante (cepas de 100 años, 1.000 metros de altitud). Todos los vinos se someten a una maceración de hasta 18 días y una crianza en grandes cubas de madera (800 a 5.000 litros).
Por cierto: el vino de precios más elevados no ha sido el cultivado a más altitud, el Cru Rampante, sino el Porcaria.

 

Cottanera, el clásico

A lo largo de 40 años, la familia Cambria, comerciantes de vinos residentes en Messina, ha ido transformando su hacienda de Castiglione di Sicilia, a 10 kilómetros de Randazzo, en una gran bodega. La fuerza motriz fue Guglielmo Cambria, pero desde su fallecimiento en 2008 a la edad de 66 años, son sus tres hijos y su hermano Enzo quienes continúan con el proyecto. Un paseo por la bodega, recientemente modernizada y ampliada costosamente, demuestra que el idílico caserío se ha convertido en una bodega de vanguardia. Bajo la etiqueta Barbazzale salen al mercado vinos decididamente frutales: el Barbazzale Bianco, por ejemplo, es una cuvée extremadamente lograda, aromática y fresca, de Inzolia y Viognier. Pero el nombre de la finca Cottanera está reservado exclusivamente a los crus clásicos del Etna. El Etna Bianco 2012 es puro frescor y finura. Y también el Etna Rosso de 2010 seduce por su potencia y carácter. En los años noventa, la familia Cambria aún coqueteaba con variedades internacionales como Merlot y Cabernet, pero ahora está claramente centrada en las variedades autóctonas. Y sus vinos demuestran que van por el buen camino.

 

Tenuta delle Terre Nere, los casamenteros

¿No es increíble hasta qué punto una sola bodega puede dar forma a la imagen de toda una región? Cuando en 2003 Marc de Grazia, hombre orquesta donde los haya, inició su proyecto en la Contrada da Calderara junto a Randazzo, el retorno a las viejas parcelas del Etna ya iba a toda marcha. Pero fue él quien hizo mundialmente famosas parcelas como Guardiola, Santo Spirito, Calderara Sottana o Feudo di Mezzo, de modo que han logrado una fama tan legendaria como Brunate, Prapò o Cannubi en el Piamonte. Igual de avispado fue al lanzar su Prephylloxera La Vigna di Don Peppino, cuya particularidad son las cepas de más de 130 años de Nerello Mascalese y Nerello Capuccio del Etna con las que está hecho. Lo que llama la atención en la bodega es la transición a las cubas de madera de mayor tamaño de la tonelería austriaca Stockinger. Terre Nere hoy representa lo característico del Etna, hábilmente pulido, con mucha plenitud frutal, taninos presentes pero suaves y una acidez fresca pero no demasiado dominante.

 

 

Frank Cornelissen, El visionario

Nadie en el Etna sigue su propio camino con tanta determinación como Frank Cornelissen, oriundo de Bélgica. El fundamento teórico de su actividad es su entendimiento de que el hombre es incapaz de comprender la naturaleza en toda su complejidad e interacciones, y por eso en el viñedo es mejor seguir a la naturaleza más que irritarla con intervenciones arbitrarias. La finca produce apenas 45.000 botellas en 18 hectáreas de viña. Los vinos se hacen sin corrección ni añadido alguno, ni siquiera azufre para la conservación. Con ello, Frank Cornelissen se cuenta entre los pioneros del nuevo movimiento por el vino natural. Su vino estrella, el Magma Rosso, generalmente una selección de cepas de pie franco muy viejas que crecen a alturas entre 650 y 1.010 metros sobre el mar, únicamente se embotella en años excelentes. El vino macera sobre lías durante tres meses y la posterior crianza se realiza en ánforas. Todos los vinos de Cornelissen aúnan de modo ejemplar las cualidades de los crus del Etna con la expresión de los vinos hechos de manera radicalmente anti intervencionista. Los aromas de frutillos rojos silvestres y hierbas aromáticas con notas terrosas y minerales definen estos vinos en la misma medida que su desbordante –en el mejor sentido– vivacidad en el paladar.

 

Terrazze dell’Etna, los estetas

Detrás del proyecto iniciado en el año 2008 está Nino Bevilacqua, un constructor de Palermo, que ha adquirido un caserío histórico con 28 hectáreas de tierra a pocos kilómetros al este de Randazzo y que linda directamente con el cono de lava de 1981.  Ha restaurado esmeradamente innumerables muros secos y también los más diversos alojamientos y establos. Las pequeñas parcelas de viñedo están en medio de un rico ecosistema de naranjos, limoneros, olivos y nogales, además de otros árboles y arbustos. Más allá del caserío se eleva, mayestática, la cumbre del Etna. Los vinos se elaboran en un hangar moderno de líneas sencillas en la zona industrial de Randazzo. Los vinos de Terrazze dell’Etna no provocan con acidez ni taninos, sino que lo hacen con una plenitud y brillo hábilmente contenidos, sin resultar pesados. Desde el primer momento, la bodega apostó también por los espumosos de Chardonnay y Pinot Noir. Con el Cratere, una cuvée de Nerello Mascalese y Petit Verdot, este proyecto ha logrado el equilibrio perfecto entre la tipicidad del Etna y el encanto sureño.

 

Isla + Volcán = Grand Cru

¿Qué tienen en común Santorini, Sicilia y Lanzarote? Pues que las tres son islas creadas por volcanes, entera o parcialmente. Y sobre estos suelos volcánicos se cultiva la vid desde hace siglos. Pero durante mucho tiempo, estos vinos solo los bebían los lugareños, más tarde también los turistas. Estos vinos de isla volcánica no han logrado el merecido interés internacional hasta estos últimos años, cuando algunos pioneros del vino demostraron en las tres islas cuánto potencial albergan sus terruños.
En Santorini, “el barril de pólvora más bello del mundo”, con sus pueblos blancos dominando el mar azul desde la altura, la última gran erupción del volcán se produjo en el año 1628 a.C. Hoy, en los suelos volcánicos creados entonces, la variedad Assyrtiko ofrece los mejores vinos blancos de Grecia, tanto en la versión rectilínea y fresca similar al Riesling como también en forma de cru con crianza en madera y, además, el dulce noble Vinsanto. Para proteger las uvas del viento, la cepa de Assyrtiko se cultiva en forma de espiral, directamente sobre el suelo, de manera que la planta se asemeja a un nido de pájaro en cuyo protegido interior maduran las uvas. Paris Sigalas, Yannis Argyros y Yannis Paraskevopoulos (Gaia) son los vinicultores superiores de Santorini. En la isla canaria de Lanzarote, las últimas erupciones importantes se registraron en los años 1730 a 1736 y en 1824. En la zona vinícola de La Geria, las cepas aún crecen a la manera clásica, en hondonadas cónicas rodeadas por muros semicirculares para protegerlas del viento. Los mejores vinos de Lanzarote se hacen con la variedad blanca Malvasía. Bodega Stratvs y El Grifo se cuentan entre las bodegas más relevantes.
Mientras que las cepas en Santorini y Lanzarote reciben agua suficiente tan solo por la formación de rocío todas las mañanas sobre las hojas y el suelo, en la región vinícola del Etna las precipitaciones son abundantes en comparación. Las tres islas producen vinos que entusiasman, y no precisamente por la fuerza y vigor que se le supone al Sur, sino por un frescor y una finura casi norteña. Esto se debe a la interacción entre los suelos ligeros y ricos en minerales, las condiciones climáticas extremas (la altura en Sicilia, el viento casi siempre fresco para el tiempo de la vendimia en Santorini y Lanzarote) y las variedades, adaptadas a lo largo de siglos a estas duras condiciones. Para los amantes de los vinos de islas volcánicas, además, hoy es evidente que los vinos blancos generalmente entusiasman más que los tintos.

 

Randazzo, la encantadora ciudad de la “fiebre del oro” del vino

Por fortuna, es una de esas ciudades italianas donde los habitantes aún salen por la noche a las calles y plazas. Randazzo after work es una experiencia que nadie debería perderse. Y aunque el volcán haya respetado la localidad hasta la fecha, está muy presente de diversas maneras. No solo cuando echa humo y escupe fuego: muchas de las soberbias casas e incluso algunas calles están construidas con las negras piedras del Etna. Randazzo es un buen punto de partida para visitar las numerosas bodegas emergentes que se hallan sobre todo al este de la ciudad, que linda directamente con el Parco dell’Etna, que se puede recorrer a pie o en mountain bike; las rutas conducen hasta algunos de los respiraderos laterales del Etna. Además, allí también para la Ferrovia Circumetnea, un ferrocarril de vía estrecha que rodea casi todo el Etna. Espectacular es también el río Alcantara, que fluye sobre ríos de lava fosilizada y atraviesa cañones profundos con cascadas. El balneario más famoso de Sicilia, Taormina, está a tan solo una hora de coche de Randazzo...

 


Hoteles

Hotel Feudo Vagliasindi
Contrada Feudo S. Anastasia Strada Provincale 89
I-95036 Randazzo
Tel. +39 095 799 18 23
www.feudovagliasindi.it
El complejo de edificios, a la manera de un palacio, con un hermoso jardín y piscina, está a tan solo un tiro de piedra de las bodegas Terre Nere y Filippo Grasso, en medio de viñas y olivares. Las habitaciones están decoradas con elementos de una sencillez de líneas purista, pero de gran calidad, y la cocina del restaurante es tradicional siciliana. La finca produce aceite de oliva y vino. En la vieja bodega aún hay vinos de Nerello Mascalese del siglo XIX.

 

Hotel Etna Quota Mille
Contrada Marzarola
I-95036 Randazzo
Tel. +39 095 518 72 93
www.etnaquotamille.it
El agriturismo Quota Mille, en la ladera del Etna, domina Randazzo desde muy alto, junto al cono de lava de 1981. La vista sobre el valle es espectacular. Allí, el amante del vino se aloja directamente junto a las parcelas de viña más elevadas, es decir, a unos mil metros sobre el mar, y por la noche experimentará en carnes propias el frío que puede llegar a hacer incluso en verano. El restaurante es espectacular, ubicado en una antigua bodega. Cocina rústica muy variada, habitaciones confortables, decoradas al estilo tradicional.

 

Hotel Scrivano
Via Bonaventura 2
I-95036 Randazzo
Tel. +39 095 921 11 26
www.hotelscrivano.com
Situado en el límite del laberíntico casco antiguo de Randazzo. Por la noche, los lugareños se pasean arriba y abajo delante de la puerta. Ambiente típicamente italiano con un interior decorado de modo un tanto arbitrario pero con encanto. Buen restaurante.


Restaurantes

Osteria San Giorgio e Il Drago
Piazza San Giorgio 20
I-95036 Randazzo
Tel. +39 095 923 39 72
Esta osteria de cuento de hadas se halla junto a una somnolienta calle de adoquines, donde por la noche maúllan los gatos entre los coches aparcados. También podría haber salido de una película de Fellini. La mamma guisa y la generación más joven atiende las mesas. Excelente carta de vinos, que reúne todos los crus superiores del Etna a precios más que asequibles.

 

Ristorante Veneziano
Contrada Arena
I-95036 Randazzo
Tel. +39 095 799 13 53
www.ristoranteveneziano.it
Las familias Veneziano y Munforte han recibido a sus comensales en el centro de la ciudad durante años. Ahora se han trasladado a una casa de campo amplia y de ambiente moderno, a pocos kilómetros al este de Randazzo. Platos sicilianos interpretados con refinamiento. Los boletus del Etna, en temporada, se sirven en forma de sopas diversas, ragú o carpaccio.

 

Top ten Vinos del Etna

17 puntos
Azienda Cottanera
Barbazzale Bianco
IGP 2012
Floral y fresco en la nariz, también cítricos y manzanas maduras. En el paladar muy equilibrado y vivificante. La cuvée de Inzolia y Viognier demuestra que también las variedades que no son típicas del Etna producen allí vinos tremendamente frescos.

 

17 puntos
Azienda Graci
Etna Bianco 2012
Un cru característico del Etna con una discreta aromática marcada por la mineralidad, además cítricos y flores de saúco. En el paladar muy rectilíneo y de acidez marcada, también taninos presentes. Un ligero recuerdo de carbónico.

 

16,5 puntos
Azienda Vivera
A’mami Etna Bianco 2010
Aromática mineral, incluso marcadamente volcánica con notas terrosas y azufradas, además pedernal y petróleo. Mucho carácter, pero también personalidad propia. En el paladar tremendamente fresco, casi acerado. Recuerda a un Riesling.

 

17,5 puntos
Azienda Girolamo Russo
Feudo Etna Rosso 2008
Aromática compleja con frutillos rojos maduros, hierbas aromáticas secas y cuero. En el paladar, transportado por una plenitud frutal madura, de impresión ligeramente dulzona y taninos blandos y sedosos. Acidez integrada.

 

17 puntos
Pietro Caciorgna
N’Anticchia
Etna Rosso 2009
Rojo granate pálido, aromas de bayas rojas maduras, cerezas ácidas y sotobosque. En el paladar estructuras densas y mucho temperamento. Gracias a la acidez presente y los taninos vigorosos, este cru presenta todas las características de un vino cool climate.

 

17 puntos
Terrazze dell’Etna
Cratere Rosso IGP 2010
Esta cuvée de Nerello Mascalese y Petit Verdot es la interpretación moderna de un vino del Etna. Convence por sus aromas de zarzamora, ciruelas pasas y hierbas aromáticas, además mucha fuerza y jugosidad en el paladar.

 

17 puntos
Tenuta delle Terre Nere
Calderara Sottana
Etna Rosso 2011
En la nariz dulces cerezas marrasquino, laurel y notas especiadas bien integradas. En el paladar concentrado, con buena plenitud frutal y taninos presentes y finamente estructurados. Un cru del Etna pulido con habilidad.

 

17 puntos
Pietro Caciorgna
Thalia Etna Rosso 2011
Maduros y seductores aromas de cerezas rojas y frutillos del bosque, también especias, hierbas aromáticas y té. En el paladar estructuras densas con taninos de grano fino, transportados por una acidez decididamente vivificante.

 

16,5 puntos
Tenuta delle Terre Nere
Guardiola
Etna Rosso 2011
Cerezas maduras, pero también hierbas aromáticas, chocolate, cuero y notas balsámicas. En el paladar estructuras tersas con muchos taninos recios pero bien integrados y una acidez adecuada. Resulta rectilíneo, elegante y fácil de beber.

 

16,5 puntos
Azienda Girolamo Russo
San Lorenzo
Etna Rosso 2011
Aromas de bayas rojas y azules, también ciruelas, además hierbas aromáticas secas, clavo y notas especiadas bien integradas. En el paladar, materialidad y potencia, con taninos presentes pero maduros y una fresca acidez.

 

 

 

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